BALANCE EN LA NATURALEZA

BALANCE EN LA NATURALEZA

Fotografía por Víctor Melchor.

Me inspiró a escribir este post la energía de AJ en el Calendario Maya. AJ representa, entre otras cosas, el árbol, el pilar que conecta las energías cósmicas y telúricas. Nos recuerda cómo la naturaleza trabaja en conjunto, es abundante y sabe acrecentar compartiendo. También nos recuerda la importancia del proceso espiritual.

La naturaleza es una maestra sabia.  Con sólo sentarse a observarla, se puede obtener una profunda comprensión de la vida.

Me recordó cómo a veces ponemos más valor en la energía masculina de acción y olvidamos nutrirnos con las energías femeninas de calma y receptividad. La mayoría de nosotros vamos hacia el exterior para encontrar respuestas, para encontrar cosas y personas que nos completen. O medimos nuestro valor sólo por las cosas que hacemos o logramos. Si sólo nos centramos en la acción, ignorando su principio complementario, es como un árbol que quiere crecer y dar frutos sin echar raíces. Si nuestras raíces no crecen profundas, y si el suelo no es rico, el árbol se caerá o morirá prematuramente.

Cuando plantamos una semilla, las raíces son las primeras en emerger. Empiezan a absorber el agua y los nutrientes de la Madre Tierra (energía femenina). Y entonces, la semilla brota y la planta comienza a desarrollarse. La planta crece hacia el Padre Cielo (energía masculina) y eventualmente madura para dar cosecha. A partir de aquí, hay una interacción entre ambas energías. Una no puede ser sin la otra. Y en realidad, la planta misma se convierte en una conexión entre ambas.

Nosotros, los humanos, somos como árboles que caminan. Nuestras raíces y ramas no son físicas, sino energéticas. Somos un canal que conecta al Corazón del Cielo y al Corazón de la Tierra. Cuando este canal está abierto, dejando que estas energías fluyan libremente, los códigos dentro de nosotros se activan. Si este canal se bloquea, entonces permanecemos desconectados, y la vida se convierte en una lucha.

Lo que sucede cuando empezamos a buscar las respuestas fuera de nosotros, es que empezamos a compararnos con otros y dejamos de honrar nuestros propios códigos, ciclos y caminos. Entonces queremos ser como otra persona, tener las mismas cosas que los demás, o seguir a otra persona. Olvidamos que cada camino es único para cada uno de nosotros y que necesitamos honrar esa diversidad. Las plantas crecen bien en sistemas diversos. Pero, plantar el mismo cultivo en el mismo lugar una y otra vez, tiene muchas desventajas para el medio ambiente.

Cada uno de nosotros es como una semilla. Dentro de nosotros están todos los códigos de la «planta o árbol» en la que nos vamos a convertir. Para honrar esto, lo primero es conectar con nuestra esencia (principio femenino) y dejar que los códigos se activen y se desplieguen por sí mismos sin lucha alguna. Esta etapa da un poco de miedo ya que ocurre en la oscuridad (como una semilla dentro de la tierra). También puede ser dolorosa, ya que la semilla necesita partirse (o morir como dicen algunos) para empezar a convertirse en algo más. Es como un bebé que comienza a crecer en el vientre de la madre. Todo está oscuro, no podemos ver, y no comprendemos lo que está pasando. Pero el milagro de la vida está ocurriendo por sí mismo en esa oscuridad.

Entonces, la semilla germina. Esta planta bebé entra en contacto con el «mundo exterior» (principio masculino) mientras la luz del sol la ayuda a crecer. Es como nosotros, creciendo en nuestro potencial. En esta etapa, necesitamos seguir nutriéndonos y permanecer receptivos (principio femenino). Mantener la atención en el interior mientras nos transformamos, reconociendo nuestros propios ciclos, y honrándolos. La acción en esta etapa ocurre por sí misma, a medida que empezamos a saber cuáles son los siguientes pasos. No estamos apresurando nada ni forzando a que algo suceda.

Cuando la planta alcanza la madurez, está lista para dar frutos o flores (principio masculino y femenino). A menudo uso este ejemplo: Si plantamos una semilla de espinaca, podemos cosechar en aproximadamente dos meses. Pero si plantamos una semilla de aguacate, toma años hasta que podamos cosechar el primer fruto. ¿Significa eso que una es mejor que la otra? No. Sólo son diferentes. Cada una tarda un tiempo distinto en madurar. No podemos apresurar al aguacate para que dé frutos en 6 meses. Si hacemos algo así en nuestras vidas, nos desconectaremos del proceso natural de la vida. La naturaleza no hace eso, pero nosotros los humanos sí.

Podemos ver eso en los cultivos industriales orientados a la acción. La gente añade fertilizantes químicos para acelerar el proceso, aumentar el rendimiento de los cultivos rápidamente, y el tamaño del producto. Pero el valor nutritivo del producto es menor, contaminado por químicos. Además, este enfoque termina destruyendo el suelo.

Lo mismo puede suceder con nosotros, si sólo nos orientados a la acción en nuestras vidas. Podemos estar produciendo mucho. Pero, ¿cuál será la calidad de lo que producimos, si no damos prioridad a la alimentación de nuestro suelo y honramos el proceso de nutrición y receptividad? Como dije al principio, un árbol con las raíces cortas y en suelo pobre acabará desplomándose.

Si no nos apresuramos en el proceso y seguimos los caminos naturales, el tronco del árbol se convierte en un fuerte pilar donde la energía fluye libremente. La cosecha es suculenta, saludable, jugosa y abundante.

El año pasado, tuve que reflexionar sobre este tema ya que me sentía un poco como una perdedora. Hace algunos años, había dejado casi todo atrás y comencé mi camino consciente. Cambié a un estilo simple de vida de retiro y auto-descubrimiento. Todo este tiempo, he tenido gente a mi alrededor que está más orientada a la acción. No han sido capaces de relacionarse con mi estilo de vida. Principalmente piensan que uno debe tener sueños tangibles y trabajar duro para lograrlos. De lo contrario, uno se convierte en un «don nadie» o un perdedor. 

Vi a mi alrededor a toda esa gente que tenía claro lo que quería. Algunos de ellos ya estaban haciendo cosas increíbles, mientras que mi sueño no era ni siquiera fácil de ponerle una etiqueta, y muy pocos podían relacionarse con él. Comparándome con ellos, me sentía cada vez más pequeña. Esta falsa creencia de ser una perdedora porque no estaba haciendo nada «importante», o no estaba ganando buen dinero, se hizo muy fuerte en mí. Comenzó a afectarme a un nivel profundo. Incluso empecé a cuestionar mi intuición y mi camino.

Empeoró el año pasado, cuando una persona con la que solía interactuar, reflejó mi proyección. Terminó diciéndome, de manera despectiva, que él estaba acostumbrado a estar rodeado de gente que tenía grandes sueños y trabajaba duro cada día para alcanzarlos, que olvidaba que otras personas no tenían esa mentalidad en absoluto. Me dolió. Puso el dedo en mi herida abierta.

Como un amigo escribió en una canción: «Una herida nunca se sana cuando tiene que sangrar. Por eso busca la salida en cualquier lugar». Estoy agradecida por esta persona que puso el dedo en mi herida abierta y me obligó a mirar hacia adentro para empezar a sanarla. Me llevó a regresar hasta mi infancia, donde esas falsas creencias quedaron impresas.

Mientras lo hacía, recordé una historia que una querida amiga me contó una vez. A su mamá le tocó luchar en la vida. Tuvo que trabajar en cosas de las que no estaba orgullosa cuando era joven. Así que quería algo diferente para sus hijas. Cuando mi amiga era una niña, su madre le repetía: «Tienes que ir a la escuela y estudiar. ¡Necesitas convertirte en alguien en la vida!»

Cuando mi amiga tenía 13 años, pensó seriamente en esto. Se preguntó a sí misma: «¿No soy ya alguien?» No tenía sentido para ella que necesitara «convertirse en alguien» cuando sentía que ya era alguien sólo por estar viva. Esto la impactó tan profundo, que a esta temprana edad, dejó la escuela y comenzó su propio camino. Ahora, tal vez su gramática y ortografía no son las mejores, pero ella es increíble. Tiene un gran corazón lleno de sabiduría y está conectada a sus dones de sanación. La admiro y amo su humildad.

Recordar esta historia me ayudó a entender que esta voz dentro de mí, diciéndome que era una perdedora, era la voz de un colectivo que ha olvidado y perdido el equilibrio entre las energías masculina y femenina. Ambas energías deben estar equilibradas dentro de nosotros para realmente prosperar en la realización de nuestro verdadero potencial.

Medir el valor sólo de nuestras acciones y la velocidad de producción es una forma muy limitada. Todos tenemos diferentes sueños. Cada camino es único, y somos invaluablemente valiosos sólo por el hecho de Ser.

Por eso, en lugar de compararnos con otras personas, tenemos que atrevernos a iniciar nuestro camino de auto descubrimiento, para comprender y honrar nuestro lugar único en esta creación. Honrar la diversidad es importante para mantener el equilibrio. Miren un bosque y cómo diferentes tipos de plantas, árboles, organismos y polinizadores interactúan entre sí para prosperar juntos. Todos son diferentes. Pero, a medida que permanecen conectados y hacen su trabajo, mantienen el equilibrio.

Gracias por tu existencia, querido lector.

Con cariño y respeto,

Jen

Agradezco a James Bronner por su aporte en esta publicación.

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